Tengo el sino de gaviota, errante por naturaleza,
me remonto a los lugares para adquirir fortaleza,
no caliento los nidales, me dejo guiar por el viento,
tratando de hallar ese 'algo', que nos sirve de fomento.

Y en mi vuelo encanecido, me he topado con mil cosas,
amores y desamores, cosas sabias y famosas.
Así como buen cobijo, otros nidos que me abrazan,
aunque termino volando, como estirpe de mi raza.

Pero tengo la fortuna, si el epíteto me ayuda,
antepongo mis razones de una y mil conjeturas.
Antes de salir sangrada, me elevo a cielos lejanos,
siempre llego a mi destino, con mis alas en las manos.

Yo sé que finalmente, tendré que parar mi ruta,
me lo repito insistente, como todo buen bordón,
y entregaré el corazón, sin tapujos ni medidas;
pues para eso es la vida, para verla en comunión.

Así llegaré a tu nido, que me ofreces de antemano,
ya sin cárceles ni engaños, me he de entregar completa,
aunque pierda la receta, de éste mi buen volar…
Seguro que te he de amar totalmente…

¡Esa... es mi meta!

 

 





Por: Rafael Ángel Cortés
En respuesta al poema “El Sino de la Gaviota”
de Marel Sosa



Siempre has sido esa gaviota que, volando, cruza el cielo,
errante, erguida, en tu vuelo, tiendes tus alas... y flotas.
Has conocido las notas que nos deja el desamor;
y aunque roto el corazón, aleteas a áreas remotas.

Ha habido en ti, en ocasiones, que, a tu encuentro, un gran amor
te demuestra su pasión, y, en tu volar, ni lo notas.
Es normal, en las gaviotas, buscar la altura en la nube,
entonces vuela y se sube... y encuentra allí su derrota.

Mas el cansancio, al volar, te ha de limitar un día;
y has de soñar fantasías que no pudiste lograr.
Y volverás a empezar donde mismo alzaste vuelo,
y ése será tu consuelo, porque, al fin, lo has de encontrar.

Y en tu vuelo de regreso, ya con tus alas cansadas,
regresarás en picada hasta el nido que dejaste.
Si en tu volar, marchitaste, con agonía un corazón,
no pierdas ya la razón y aquieta ya tu volar.

El tiempo es amo, y alzar el vuelo, tal vez, no puedas
dar con la misma vereda que ayer, dulce, caminaste.
Y el nido aquél que dejaste puede que no esté ocupado.
Y acurrucarte a su lado te dirá que lo extrañaste.

Y aquel gorrión que dejaste te hará un lugar en su nido;
su corazón, abatido, por ti vuelve a palpitar.
No volverás a volar; ya te cortarán el vuelo.
Y dirás: “Aquí me quedo... ahora sí lo voy a amar...!”

Y así, gorrión y gaviota, ambos quitarán sus alas.
Verán pasar las manadas terminando en alas rotas.
No será tarde, si notas, pues son cosas del amor,
que salen del corazón y allí regresan ansiosas.

Y quedarás atrapada en las redes de un cantor
que rasgaba en su bordón las notas de su enramada.
Y, finalmente, hechizada, recordarás que, en tu vuelo,
sólo experiencias y duelo tuviste en tu encrucijada.


(fin)

 


24 de febrero de 2010

Especialmente para MarEl y su poema

“El Sino de la Gaviota”

 

 

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