Antes que nada, disculpa mi blasfemia,
por adorarle así como le amo,
con todos mis sentidos y es casi insano,
que solicito mitigues mi condena.
Por entregarle mi vida sin reservas,
por no querer mas premio que su gloria,
por estar siempre hurgando en su memoria,
y despertar con sed de amor y del pecado.
No es que mi fe se vaya desgranando
pues rezo con fervor cada mañana,
pero en mis rezos sólo existe un nombre
que es, el de esta pasión que me acompaña.
Me enamoré de él… Sin darme cuenta
me alimenté también, de sus placeres,
llegando a mí con su tiempo y sus quereres,
para mi último vuelo en madrugada.
No deseo de esta mi vida, nada a cambio,
sólo estar junto a él para adorarle,
brindándole caricias rezagadas
que esperaban pacientes en mi almohada.
Si es pecado mi amor, sigo adelante,
no cejo en mi impulso y sentimiento,
y me aferro fiel a tu sacramento
aunque viva eternamente en penitencia.
Por eso mi Dios, pido indulgencia,
tú que pregonaste amor en tus designios,
sufriendo penalidades por lo mismo,
¡Y esto es amor… tengo clemencia!

