¿Quieres vivir conmigo un rato?
Pues bien… aquí no hay trato.
Es ver salir el sol de madrugada
despertar sonriente entre tus brazos,
caminar al atardecer descalzos
y disfrutar muy juntos la velada.
Tomar en nuestras copas diamantinas
el brebaje de amor que nos mantiene,
recordando eso, que nos entretiene
para guardar nuestra historia ya formada.
Discutir los pasajes de la vida,
aunque no todo sea de común acuerdo,
pero que el amor proteja las heridas,
y nos haga fuertes para soportar aquello.
Hacer mi amigo, de este interminable rato,
un lapso sutil y placentero,
para gritar nuestro amor al mundo entero
¡Y llegar juntos ante Dios... para otro rato!